#Muy Personal

¡Qué bonito el bandoneón!

Hoy tampoco ha llovido en Madrid, y ¡va para 3 días! Así que me he ido a la calle a disfrutar del anuncio (publicidad más bien, porque sabemos que es mentira) de la primavera. Y cuando he llegado a casa me he dedicado a buscar tangos argentinos y uruguayos. Me sonaba que en el tango el acordeón era protagonista, y que los tangos me encantaban; entonces el acordeón tenía que sonar bonito.

Digo esto porque identifico este instrumento con sonidos espeluznantes salidos de las manos de aquellos portugueses que cuando era niña decían en los vagones del metro aquello de «es triste pedir pero más triste es robar…» a ritmo de un ‘tirriiieeeeeummmm‘ sacado de un acordeón. Después intentaban hacer música y a mí aquello siempre me sonaba a una caja rota mal pegada, que rechinaba como un trozo de papel plástico arrugándose y desarrugándose.

Este instrumento, que siempre me pareció que debía pesar como un muerto cargado sobre los hombros, iba pegado a un sucio vaso de plástico donde podías meter monedas. No creo que nunca diera nada, al menos no lo recuerdo, tengo la costumbre de ‘ser generosa’ con los músicos, pero no con quienes maltratan tal nombre.

 

felipe_gabaldon

 

En primer lugar, perdón a todos los acordeonistas, soy consciente de que mi incultura músico instrumental, entre otras muchas, me lleva a ser osada y hablar por puro desconocimiento, de ahí que en estos momentos esté escuchando tangos, en busca sino de aprendizaje, al menos de una mínima instrucción que regenere mi incompetente oído.

Quizá también le tenga un poco de manía a este instrumento porque me recuerda a un compañero de aquellos de la infancia en la que sólo niños de familias modélicas con tropecientos hermanos (y lo digo yo que ‘sólo’ éramos 5) tenían el beneplácito de actuar en los festivales del colegio.

Supongo que este chico tocaría bien (es mucho suponer porque los niños, como no sean prodigios -y éste no creo que lo fuera; no quieran saber cómo terminó antes de los 20- suelen maltratar cualquier instrumento machacando los tímpanos varios metros a la redonda).

Claro que yo he aprendido a escuchar música ya bien mayor, porque en aquella época de la que hablo, sólo estudiaban esta materia gente con ‘posibles’, entendiendo por ‘posibles’ aquéllos que viviendo, como yo, entre un poblado de absorción y la antigua carretera de la playa (sí, sí, aquí en Madrid había una carretera así llamada), decían, no es mi caso, que vivían en Mirasierra.

www.acordeon.es

En fin, que a mí aquél niño rubio de rizos angelicales sentado en medio de un enorme escenario abriendo y cerrando un cajón (pido disculpas de nuevo, mi ignorancia) más grande que él con botones en uno de los laterales (éste no llevaba recipiente de plástico), me ponía de los nervios.

Conste que a lo mejor era envidia, yo nunca en los 10 años que estuve en aquél colegio pisé ese escenario, cosa que han de agradecer todos los papás que allí acudían año tras año (a ver siempre el mismo niño de rizos rubios tocando el acordeón).

Porque he de reconocer que lo mío no son las tablas, algo que adiviné por mi cuenta muchos años después (del mismo modo que aprendí que la pintura no se me daba del todo mal aunque, al igual que con las representaciones teatrales jamás ninguno de mis dibujos presidiese esos enormes murales donde colgaban las ‘obras maestras’,incluida la de algún hermano del acordeonista. Es curioso como en esas familias cada hijo era diestro en algo, uno tocaba, otro pintaba, otro cantaba o bailaba… Había arte para todos).

Pero sigamos con el acordeón y mis asociaciones a las que he llegado porque hoy me he encontrado en el metro con 3 (no uno ni dos) ‘acordeonistas‘ con el mismo estilo que aquellos que recuerdo de mi infancia ¿Será que es fácil encontrar un acordeón en cualquier sitio, y cualquiera lo puede pasear? Así a bote pronto, los precios que veo en internet no son gangas precisamente, claro que alquilarlo sí que está al alcance de cualquiera.

www.casalinares.com

Con lo incómodo que debe ser además su transporte, y lo que tiene que pesar, que alguien me cuente por favor por qué hay tanto ‘pobre’ aporreando un acordeón. Uno de ellos tocaba una pieza que me ha costado reconocer varios minutos, y eso que últimamente escucho bastante una versión de El Cigala. A lo mejor por eso la he reconocido, porque iba disfrazada como de carnaval (quizá era el propósito, por la fecha digo). Al final en un acorde he dicho ¡’por una cabeza’!.

¡Que maltrato!, yo no sé si esta gente paga derechos de autor, me refiero a los músicos ambulantes, pero desde luego los hay que no tienen derecho a acercarse a ciertos autores. Prefiero el ‘tirriiieeeeeummmm‘ de mi infancia.

Pero sigo con mis recuerdos (hoy estoy ¿nostálgica?). Otro clásico ‘acordeoncierto’ durante años, no sé si continúa, era el de María Jesús, digna de admiración por mi parte, ojalá encontrara yo algo que me hiciera tan rica y famosa como Los pajaritos a ella.

www.inzona.es

Pero es que creo que si de mayor no quiero ir a una residencia ni a los viajes del imserso, y me da alergia Benidorm en otoño, es porque me imagino en un círculo con viejos amigos al ritmo de ‘la colita has de mover (dolor de rodillas incluido al bajar el pompis mientras mueves la cadera), ‘las alitas…’, de verdad, piensen un segundo en esa imagen (que seguro muchos han tenido que ver, porque a mí me persiguió durante años por TV, no sé si la 1 o la 2) ¿les motiva el acordeón?

Pues sí, he hecho un esfuerzo como decía al principio y llevo horas viendo y escuchando tangos en busca de las bellas notas de acordeón (que estaba segura encontraría). Pero lamento decir, seguro que por los prejuicios (continúo visualizando rizos rubios, pedigüeños y alemanotes en círculo semiagachados abriendo y cerrando los brazos doblados) que no le pillo el truco. Me encantan los tangos, eso sí, pero sobre todo por sus letras y ritmo, y el baile, con esas piernas multiplicadas hasta el infinito, que entran y salen, acarician, rodean, aprisionan… al cuerpo contrario. ¡Qué belleza!

eruizf.com

 

Claro que he descubierto que en los auténticos tangos no suena el acordeón, sino el bandoneón, un instrumento por cierto a punto de extinguirse (curiosamente cuando vi al protagonista de La ladrona de libros tocarlo me dije, pues esta música sí que me gusta), y os puedo asegurar que el sonido es muy diferente (desde el punto de vista de alguien que ni tocó la flauta de niña, porque en su cole lo único que importaba era la lengua y las matemáticas; el resto, gimnasia, religión, música, dibujo… eran cosas del recreo).

www.taringa.net

¡Qué bonito suena el bandoneón! 

 

 

 

Relax para ganar actividad

¡Cuerpo a la vista!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0 Comentarios

¿Quieres estar al día de nuestros artículos?

Regístrate para recibir todas nuestras publicaciones

Logo belleza eres tu