#Muy Personal

Carrera de obstáculos para facilitar el tránsito

 

La regularidad del tránsito intestinal es clave para una buena piel, mantener el peso, facilitar la eliminación de residuos y favorecer un vientre plano. ¡Pero qué difícil nos lo ponen a veces!. Además de estudiar cómo y dónde, usar un aseo público en muchas ocasiones es una auténtica carrera de obstáculos para facilitar el tránsito.

Ayer recordaba un artículo que leí hace ya algunos años (bastantes), creo que de Carmen Rico Godoy, aunque no pongo la mano en el fuego, sobre las dificultades femeninas a la hora de acudir a un aseo público. ‘bolso en la boca, pantalones y ropa íntima sujetas, bajo las rodillas, con una mano para evitar que toque el suelo, abrigo y prendas superiores enganchadas con la otra para dejar lo más libre posible la parte que va de cintura a rodillas para hacer nuestros menesteres con el ‘culo en pompa’ evitando rozar el retrete propiamente dicho…’

Algo así era porque claro el paso de los años no me permite recordar las palabras con exactitud (si alguien lo tiene en su mente, o hemeroteca, por favor que me lo cuente, e incluso envíe), aunque sí lo mucho que me reí leyéndolo y confirmando que efectivamente muchas veces pasamos por situaciones semejantes.

 

Carrera de obstáculos para facilitar el tránsito

 

Como digo hace muchos años que leí el artículo, aunque las cosas no han cambiado demasiado, empeorado incluso si, con la moda de dejar el papel higiénico fuera del espacio destinado al alivio personal, nos toca añadir ‘al equipaje ‘ un trozo más o menos grande (nunca sabemos cuánto vamos a necesitar en realidad, y la angustia de que sea escaso nos afloja el intestino aun más de como estaba antes de tomar la decisión de acudir al aseo público) de ese artículo imprescindible para el menester que nos ha llevado hasta allí.

Dicen que es para que no nos lo llevemos a casa. Creo que a todas se nos ha pasado por la cabeza alguna vez meter en el clutch de noche un rollo de papel higiénico por si nos da un apretón en mitad de la calle y no tenemos pañuelos desechables en el bolso precisamente porque no nos caben.

En fin, que ahí estaba yo, con el bolso, que pensaba colgar en el pomo de la puerta, y una larga tira de papel higiénico. Problema número uno, la puerta ni tiene pomo ni se cierra; me cuelgo el bolso del cuello mientras con la cabeza evito que la puerta se abra (porque no sólo no se cierra, sino que tiende a venir hacia mí). Problema número dos, ¿dónde pongo el papel? porque con las manos tengo sujeta mi ropa, por arriba y por abajo, que aunque en esta época todavía no llevemos abrigo,  la postura ‘evacuatoria’ (no soy de las que forra la taza con papel, para lo que entonces hubiera necesitado muchísimo más, porque a no ser que el baño me parezca ya limpio de por sí, y entonces con este gesto evito los posibles microbios, prefiero mantenerme lo más alejada posible, con el efecto disparadero que conlleva, del inodoro).

Si lo sujeto con la boca, cuando acabe con mis necesidades, limpiar puede que limpie, pero el efecto secante habrá desaparecido. ¿Encima del dispositivo destinado al rollo? Papel seguirá siendo pero higiénico… ¡Señor! ¿Como puede ser tan difícil seguir los impulsos de la naturaleza?

Y luego dicen que hay que evitar el estreñimiento, cuando resulta que necesitas estudiar un máster y hacer una carrera de obstáculos para facilitar el tránsito, para llevar a término una de las necesidades fisiológicas más simples de nuestro organismo como es…

 

Piojos ¡otra vez!

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