#Muy Personal

¡El otoño ya está aquí!

 

Siempre me ha gustado el verano, el calor, vestirme con ropa escasa, la luz, los días largos, las noches cortas, el mar, la playa, la piscina, el agua helada, el sol, la piel dorada, los shorts, los tirantes… Pero eso ya se acabó.

Mañana empieza oficialmente el otoño y, si alguna esperanza nos quedaba de vacaciones y libertad de horarios, la entrada de la nueva estación nos confirma que se acabó, que ya no vale síndrome postvacacional ni mandangas, que ya es hora de poner el turbo y no parar hasta las Fiestas.

Pero quiero terminar este periodo  con un resumen de lo que ha sido mi verano. Como no tengo oficina a la que acudir ni compañero al que dar la brasa con mis fotos, he decidido que así me acerco un poquito más a vosotros, me expongo a vuestras miradas y comparto mis vivencias, que no sólo mi ‘sapiencia bellecística’,  y os ánimo a que hagáis lo mismo. Así conozco un poquito más a mis seguidores y tenéis la oportunidad de compartir con la comunidad de Belleza eres tu, que sois unos cuantos aunque pocos os animéis a comentar, vuestros momentos más veraniegos. O lo que queráis.

Y si más dilación, empiezo con el mío. Pongo su inicio en el 16 de junio porque, aunque oficialmente todavía no había empezado la nueva estación, yo terminaba el curso de baile con moño y mantón. Mis primeras clases de flamenco daban a su fin con un festival en el que por primera vez aguanté el tipo, con un poco de ayuda (flores de Bach). Por suerte no hay documento gráfico.

 

El otoño
Mi versión libre de la Siesta de Cézanne. En proyecto.

 

Sí lo hay de mis trabajos pictóricos que si no son obras de arte sí mi vía de escape una vez a la semana. Lo traigo aquí porque con el final de mis clases, el 17, (que no de todos mis cuadros, el que ilustra este post es sólo un boceto que espero terminar este curso que entra), también me sugiere el pistoletazo de salida a un tiempo de ocio de programa libre, sin fechas ni horarios.

 

Y el 18, por fin, aún con la estación sin estrenar, rumbo a la costa para, el 19, preparar el petate y embarcar rumbo al Cabo de Gata una semana que, los que me seguís por face o Twitter, habéis compartido conmigo y los que no, podéis ver los preparativos aquí  y algunas imágenes más abajo.

 

Vuelta a la orilla para unos días de relax (el barco es muy duro) y retorno a Madrid.
Este verano he podido disfrutar de la visita de mi hermana (de allende los mares) y, además de la alegría de tenerla conmigo, la ilusión de recorrer mi ciudad palmo a palmo con la excusa de que ella quiere visitar esos lugares cercanos que tan lejos le quedan ahora. Y yo, sedienta de cotidianeidad ciudadana que de tan cerca nunca miro, disfruté como una enana, de compras por la Gran Vía, Preciados, Arenal y la Milla de Oro, como cualquier guiri que se precie.También fuimos a las Rozas Village, a Nassica y a la tienda de la esquina.

Madrid Spain Tourism

Cargadas como Julia Roberts en Rodeo Drive, nos sentábamos a comer en las terrazas, a tomar granizados y café con churros de merienda.

Plaza Mayor de Madrid

 

Tras este ajetreo de puesta a punto a la madrileña, relax en estado puro, unos días en Amayas, un pueblo alcarreño (del que nos trajimos miel, por supuesto) de 20 habitantes (eso dicen los papeles yo no llegué a ver 10) , donde por no haber no hay ni bar (iglesia si, por supuesto). Menos mal que nos lo habíamos bebido todo en las terrazas nocturnas de la capital.

Mi sobrina se divirtió, haciendo fotos, es lo que tiene la tranquilidad.

 

Superamos el chute de relax con una excursión al Monasterio de Piedra pasando por Nuévalos y algún otro pueblito más, donde aprovechamos para comprar un pan de los de verdad y souvenirs de la zona (comestibles, los alimentos de calidad son mi perdición).


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vuelta a Madrid. Superada la fiebre shopping, invertimos nuestro tiempo en cultura. La exposición de El Greco en el museo del Prado, el Señor de las Moscas en el centro cultural Conde Duque, cine en blanco y negro en la casa museo Lope de Vega (espacio que nos gustó tanto que decidimos hacer una visita guiada días después), Matadero,  Biblioteca Municipal del Retiro (que todavía no conocía, montada sobre la antigua casa de fieras de Madrid,  lugar que me trae imborrables recuerdos de mi más tierna infancia, que algún día os contaré), cine de verano, etc.

Casa museo Lope de Vega. es.wikipedia.org
Jardín de la Casa de Lope de Vega, en la calle Cervantes de Madrid

 

Compaginado con horas de piscina y sol, tapas por la zona (La Dolores no podía faltar), comidas en lugares pintorescos y cenas al aire libre en terrazas de amplio espectro que van de la Puerta 57 al bareto de mi barrio en plena zona sur de Madrid  (léase Usera).

 

También hubo algún suceso desagradable, no tanto para mí como para alguien muy cercano, despedidas y cierres o puertas abiertas a situaciones inesperadas. Pero eso es la vida, risas y lágrimas, nubes y sol, pasado y futuro.

 

Mi hermana se fue. Mi temporada de guiri, gente, asfalto, bullicio, postureo…que tanto me gusta, toco fin, ¡Hermanita vuelve pronto, te echo de menos!

Y llegaron las vacaciones propiamente dichas. Esas de toalla y sombrilla, paella y familia (en este apartado meto también a los contrarios o, cómo dicen en Murcia, familia borde, que no es que sean antipáticos, sino que están cerca, al borde; el lenguaje murciano tiene su aquel, este verano ha circulado por whatssap un ‘diccionario murciano español’, pero le faltan muuuuuuchas palabras). Me encantan estas vacaciones: dormir, comer, leer, pasear, sol, playa…

Este año por circunstancias personales (que como ya he dicho más arriba no todo han sido momentos happy happy, que la vida, por mucho que nos cueste entenderlo, no es así) he abusado un poco de chiringuito, pero que todos los males sean eso, cerveza fresquita.
Y tras 20 días de olas y arena, vuelta a Madrid, ya casi septiembre pero todavía con las temperaturas altas y yo sedienta de puro verano, ávida de su esencia a sabiendas de que queda poco, que se acaba, que se muere, que se pierde…. Así que continuo con mis días de piscina. Tampoco dejo las noches de cine de verano, ni las tardes del Matadero. Encuentro alguna amiga para visitar la exposición Mitos del Pop en el Thyssen,

y convenzo a mi novio para continuar con alguna terraza nocturna. Aquí he de decir que me equivoqué al elegir una noche la de la Casa Encendida, supongo que al ser ya 6 deseptiembre los madrileños estaban en versión invierno y quedaban 4 gatos terraceando.

Pero no hay mal que por bien no venga y, paseando por Lavapies, descubrimos un bareto de los de toda la vida. El boquerón, en la calle Valencia. No adecuado a mis gustos estivales, pero si apuntado para aperitivos otoñales y reservado para la vuelta de mi cuñado (nada que ver con el entusiasmo que me provoca la visita de mi hermana, pero grata también sobre todo por la oportunidad de giriguear que me brinda): te espero Alvarito para cañear con gambas, ostras, boquerones y otras delicattesen del mar.
En resumen, que ese primer sábado de septiembre terminamos en Atrapallada, un clásico que nunca falla.

Y el domingo al rastro, siglos ha que no iba (por su puesto sin mi novio, pero para eso tengo un gran surtido de hermanas, que no todas están al otro lado del charco, y como yo, disfrutan del Madrid más típico).

guiadeviaje

 

Y llegó la segunda semana de septiembre, la vuelta al cole de los niños y el primer viaje de trabajo de la temporada. Al centro termal de Uriage, del que ya os hablaré en otro post, de sus instalaciones y tratamientos y de su cosmética elaborada a base de sus aguas de alto contenido mineral.

Una maravillosa manera de iniciar el curso, o terminar el verano; bueno no, porque decidí concluirlo casi como lo empecé, con una escapada a Mazarrón, mi lugar de veraneo desde hace ya 14 años, con sus rayos de sol, su clima siempre amable y mi familia, la borde, que me aguanta más de lo indispensable porque para borde yo, pero a la madrileña, no sólo a la murciana, que también, porque creo que estoy muy cerca, al menos así me siento yo.


Y llegó la semana del 15 ya con las manos de lleno en el ordenador, las ruedas de prensa y los cuidados de la temporada. Estoy encantada de dar la bienvenida al otoño, con sus miles de colores, sus luces tan románticas, su nuevo maquillaje, sus dulces atardeceres, sus cálidos ropajes... Deseo embriagarme de todos sus encantos.
Buenos días, otoño.

Decididamente, ya estamos de vuelta. Bienvenido otoño.

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2 Comentarios

  1. Romina
    21 Sep 2014 Responder

    Oye, pues no ha estado nada mal tu verano, has tenido de todo.

    • Mayte Martínez
      21 Sep 2014 Responder

      Nada mal, no me quejo, 3 meses dan para mucho. Un saludo.

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