#Muy Personal

La belleza del violín

 

Desde que no trabajo en extrarradio he recuperado el placer de moverme en metro por la ciudad. Sí, un placer. Bien es cierto que evito las horas punta y los días de huelga, lo cual probablemente tenga mucho que ver con disfrutar de este medio de transporte. Entrar en contacto con la gente real, sus conversaciones, sus maquillajes, sus gustos por la moda, me ha devuelto una realidad muchos años olvidada.

Y su música. Había olvidado los variopintos conciertos que se pueden escuchar en el metro. Apenas queda rastro de aquellos portugueses con su acordeón que te alborotaban el cerebro. Hoy la mayoría son cajas de sonido que hacen prácticamente todo el trabajo, taladrarte los oídos.

Pero igual ayer que hoy, entre tanto ruido, era raro el día (si hacías varios trasbordos) que no descubrías una bonita voz, una melancólica flauta, un profundo saxofón, que te llegaba al espíritu, que te obligaba a aminorar el paso, por no poder pararte (en el metro uno siempre va con prisas) a escuchar esa música que, en ocasiones, era lo mejor del día.

musico1 José Lorenzo Macías

Hoy he recuperado ese placer, esa belleza de los sentidos inspirada por un violín. Ha sido en Legazpi, en el trasbordo entre las líneas 3 y 6. No ha llegado ni al minuto, pero ha sido tan pleno que no he podido resistirme a parar, abrir el bolso, buscar el monedero, sacar algo de dinero y acercarme a la cesta colocada dentro de la funda del violín.

No me he atrevido a mirar al artista ni a su acompañante, por vergüenza a que me dieran las gracias, por miedo a que pensaran que era caridad lo que sólo era una excusa para alargar el tiempo de exposición a tan bella melodía.

La música amansa a las fieras, dicen. Y aunque hoy no era para mí un día específicamente rebelde, durante unos minutos ha inundado de paz mi alma. He experimentado esa sensación tan intensa pero tan escasa en nuestras vidas, que nace del interior, impulsada por un agente externo (la música en este caso) que dispara el sentido de la belleza a tus entrañas y se propaga a la velocidad de la luz en todas las direcciones de tu cuerpo, completándolo. Para mí, eso es la felicidad, ese instante de belleza intensa que te envuelve.

Sí querid@s, viajar en metro es un placer.

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2 Comentarios

  1. Olga
    30 Jun 2016 Responder

    ¡Que post tan bonito! A mí también me encanta viajar en metro, aunque mucha gente piensa que no es muy normal. Pero es que como soy tan «mirona», me parece todo un espectáculo. Aunque es verdad que para que sea agradable hay que evitar la hora punta.

  2. Mara
    27 Jun 2016 Responder

    Recuerdo cuando hacía transbordo de metro a tren en Nuevos Ministerios, a un violinista que había (no se si seguirá estando)que hacía que te olvidases de todo el cansancio del día. Y cómo bien dices, de caridad nada, ellos te hacen olvidar todo durante un momento, ese es su trabajo.

    Un beso y bonito día.

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